En mi espejo miré la luz del alma dormida, apesadumbrado, colgada en el afán de superarse, de sentirse el primer culpable de la afrenta, recorrí los lomos del tiempo siempre con las ventanas abiertas…
Descubrí que quien más adelanta gana, sin premisas, sin el más leve resquicio de silencio, quien da primero da dos veces, y quien se duerme en los laureles de la duda, será condenado al quebranto de su alma…
Desde el perdón de los débiles, se fragua la fortaleza de aquellos que de ellos se aprovechan, y se erigen en el motor del mundo… unos comen, otros son comidos…
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