Las manos

Ellas, la manifestación tenue de la sensibilidad y de la fuerza, amigas eminentes del saludo que dejan un desliz en la caricia: las manos. Las mismas que, en algunas ocasiones, con el arado fuerte de los besos arrebataron síndromes en el ardid de noches de silencio.

Las manos, una y otra en la utopía, se levantaron firmes al engaño, manifestando altos sentimientos, arrebatando iras, desmintiendo temores. Se baten, se enlazan en las caricias y, en otras ocasiones, tan toscas como la fría mirada, se enredan de arraigos desmentidos.

Las manos, sí; ¡he de gritar!, mis manos. Ellas, las valientes que siguieron rasgando a cuatro vientos el parco dolor de la amargura, que se agarran a la misma tierra en aquellos momentos de soledad desmedida. Esas, las mismas manos que, en un arrebato de locura, pintarrajearon de sangre mis lamentos; las lágrimas errantes de mis ojos se pierden en el tiempo desmedido de arraigos, de corazones rotos, de mil razones para sentir el alma malherida.

Mis manos que rezan al silencio: la voz desgarradora de mi pena, el halo de la mueca en el momento; aquel en que decidí perder la vida. Las miro, las veo y reconozco fortaleza. Ellas, que siempre me pudieron en la sensibilidad y hasta en los besos, hoy me acompañan; hoy que ha pasado tanto tiempo que ya, ya casi ni recuerdo a aquel que un día fui: tal vez, el mismo siervo.

Mis manos, arrugas evidentes, mil heridas, testigos fieles de mi vida a caballo de tantas sensaciones. Las aprieto y me distraigo en sus pliegues que envejecen como yo, siempre conmigo. En esta reflexión en que me encuentro, preso de la razón más pura del lamento, mirándolas una con otra parecen compadecer mis sentimientos; se siguen levantando ante la duda.

Mis manos, las mismas que hoy aún me sostienen, dejan un desliz en el recuerdo. Ellas hicieron posible la primera caricia, respondieron a la cita adolescente, te cogieron firmes por la cintura cuando aceptaste bailar en aquel baldosín, tan lejos en el tiempo.

Hoy, después de tantas lunas, de tantos caminos recorridos, de cientos de vientos en contra superados, las miro. Mis manos, que rompían envites desmedidos, se postran ante la pluma y se desviven por escribir los versos que enarbola la sangre que me queda en el tintero. La sociedad que nos permitimos se propone seguir en el intento ahora que la vida se termina. ¡Ya ves!; el alma ha decidido darme aliento.

J. Cruz, 2018

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3 comentarios en “Las manos”

  1. Las manos agarran la vida
    que se escapa entre tus dedos.
    Te atan al mundo tomando existencias
    de bondades encerradas en corazones ajenos.
    Ligan cadenas con anillos de compromiso.
    Retan al cielo en objetos perdidos
    sin sustancia ni contenido.
    Golpean seres que sangran en inocencia
    ignorada en Poderes ingratos.
    Prenden el fuego que arde en
    guerras sinsentido.
    Arañan la piel de los que viven en soledad
    .
    Las manos te dan la vida.
    Peinan cabellos enredados en pensamientos.
    Horadan la tierra cosechando sentimientos.
    Rechaza la indiferencia asida en apariencias insulsas.
    Penetran las entrañas tapando vacíos.
    Sostienen al niño que se amamanta de sabiduría.
    Rezan al cielo plegarías de lamentos.
    Abrazan las almas olvidadas en la desilusión.

    Las manos te dan la vida.
    Tocan el alma que aman personas,y,
    matan la codicia ganada por tacones infieles.
    Acarician los cuerpos embestidos en pasión,
    Sorprenden con caricias sutiles y,
    también con la fuerza de la seducción.

    Las manos te dan la vida y
    te la roba con la muerte precipitada.
    Te regalan la libertad de existir.
    Traspasan fronteras sin pasaporte
    Las manos se aferran al suelo
    con raíces de Amor.

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