Unas letras para mi hija…

Hija mía, quisiera estar seguro

de haberte enseñado…

a disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a que pidas ayuda cuando la necesites,
a tomar tus propias decisiones,
a ser una buena amiga de ti misma.

Quisiera estar seguro de que aprendiste…

a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito de tus logros,
a no estar pendiente de la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de otros,
a ser consciente de tus sentimientos y a actuar en consecuencia.

Quisiera estar seguro, hija mía, de que aprendiste…

a poner límites,
a sostenerlos,
a tomar más riesgos,
a aceptar los cambios,
a realizar tus creencias,
a ser capaz de llenar primero tu copa y luego la de los demás,
a planear tu futuro, pero no vivir en él.

Me gustaría, hija mía, que hubieras aprendido…

a valorar tu intuición,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a aceptarte como eres,
a disfrutar la diferencia entre los sexos,
a aprender de los encuentros y de los fracasos.

Me gustaría, hija mía,
que te permitas reír a carcajadas por la calle, sin ninguna razón.
Pero, sobre todo, quisiera que hubieras aprendido

a no idolatrar a nadie,
y sin embargo…

saber elegir a quien sea capaz de mantener

la luz en tu mirada.

Jorge Bucay y yo.

J. Cruz, 2011

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