Ya veis…
qué disciplina voraz,
esta que niega la paz
a quien no come el gusano.
Ya veis…
que rompí con mi pasado,
que dejé de par en par
las ventanas y corrí.
Ya veis…
que quien tiene
un «San Benito»
le ha de venir a buscar,
ha de meterle en el mar
a nadar en lo inaudito.
Ya veis…
compañeros de mis juegos,
que queriéndome marchar
hoy me ha venido a buscar
su desliz de terciopelo.
Ese que sabe de mí,
ese que me sube al cielo.
Ya veis…
entre el cetro de la duda
sin dejarme convencer,
se ha convertido en mujer
ese pequeño volcán
disfrazado de ternura.
J. Cruz, 2009