Qué desmán desmesurado
el de su embaucadora idea;
aranera por costumbre,
lleva innato de lo falso el sentimiento
rateando a la ética del seso.
Romancera martingala a la evasiva,
insecto cruel que como mosca,
picotea de lo humano la paciencia
infectando a su paso la inocencia.
Investiga la natural sutileza del engaño
con la mofa irónica del beso,
dispuesta y disponible te embadurna
de jaleas plácidas y galgas.
Como arácnido, aguijona con ahínco
su mortal esencia y te desploma
y en su tela te desangra.
Engendro de la noche, ¡no te temo!
¡lucharé enjaretado de mi espada!
y, disfrazando mi sueño de tizona,
libraré al mundo de tus garras.
J. Cruz, 1994