Treinta y dos años después…

Quiero preguntarle al mundo

si el porvenir que me da,

tiene ese sello que lleva

el amor que es de verdad.

Quiero preguntarle al mundo

si esa risa que tú tienes,

llegará a ser eterna

o correrá hiel en tus sienes.

Quiero preguntar…

al «Señor de las Alturas»

si el niño que va a nacer,

tendrá fortuna.

Si será fuerte y leal,

como un hombre debe ser

o su palabra será como un trozo de papel;

¡que se lo lleve el viento!.

Quiero pedirle al cielo

que nos envíe su sol,

deje anidar un lucero

poco a poco en el balcón.

Que nos alumbre con su luz,

nos caliente con su llama

y haga el camino más fácil

para el día de mañana.

Quiero dar gracias a todos

los que fueron mis amigos,

todos aquellos que hicieron

sus fechorías conmigo.

Y ahora quiero decir,

adiós, adiós…

pues me voy a vivir

con mi gran amor.

J. Cruz, 1977

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