Apenas los primeros movimientos, las primeras estrofas de la noche de luna. Apenas el primer tambor esbozando una canción para que saliese a ver: qué se cuece por ahí, para pasear la orilla, entre la arena y un desliz de luna llena. Es que la sangre se altera cuando llega Navidad, aunque es más dulce bailar cuando bailan las sirenas, él ha querido vislumbrar la calidez de la arena. Él, a poca suerte de ver y a otras pocas de escuchar, quiso correr la verbena y en esta noche serena, se dejó sentir: Daniel…
J. Cruz, 2009
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