La rosa…

La rosa callejea buscando carmines,
las aceras mojadas se envuelven de miedo.

La rosa…
caminante indemne del dolor que causan sus espinas
amante, amada…
reliquia de cien revoluciones por minuto,
apócope de tuyo, síndrome del fuego.

La rosa…
La rosa y tú
y a veces yo
en este ir y venir de locos,
conseguimos bailar al aire de todas las sirenas que
relajaron mil canciones de amores desmedidos.

La rosa…
eres tú, y en su esencia
estoy contigo.

J. Cruz, 2018

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