El cielo se cae…

Las tormentas son habituales en esta época del año, se originan en el Atlántico y, fortalecidas por la elevación de temperatura del agua, van creciendo en intensidad y volumen haciéndose devastadoras cuando llegan a tierra firme asolando los pueblos por donde pasan. Todos los años sucede y por lo que parece, la reiteración, deja un halo de normalidad al asunto.

Sin embargo, algunos años, los factores que alimentan la fuerza del huracán se acrecientan. La temperatura del agua sube, los vientos del Sahara son incipientes, la humedad aumenta y estalla la bomba. Nace un gigante destructivo, la desolación misma se apodera de los pueblos, la catástrofe es absoluta. Este año 2017 se preveía como propicio para tales consecuencias y los augurios, fueron acertados. El monzón asolaba la India; cientos de personas muertas, miles de domicilios desaparecidos y millones de afectados lloran la pérdida de sus escasos haberes en manos de los gigantes naturales. En este mes de septiembre tres mortíferos frentes se sucedían para asolar sistemáticamente, el Caribe. Katia, Irma y José se paseaban por encima de las aguas hasta llegar a las islas del Caribe, destruyendo por completo algunas de ellas y afectando cruelmente al resto de costas, pueblos, viviendas, casas, cultivos, animales; absolutamente todo perdido.

Tal vez el anuncio apocalíptico del jinete cabalgando el Caballo Amarillo, se esté manifestando, siendo el anunciante que pregonase a los otros tres que no tardan en mostrarse en sus caballos Blanco, Rojo y Negro. Otra leyenda negra. Hay quien se manifiesta argumentando que: “los huracanes son debido a la contaminación capitalista”. Otros, aseguran que el cambio climático: “seguirá haciendo estragos aumentando el horror en el futuro” y hay quien argumenta: “lo que está ocurriendo es un castigo de Alá”.

Pero entre todas las especulaciones que se suceden entre: políticos, eclesiásticos, fanáticos o científicos; en esta ocasión como tantas veces, quedó Cuba. Los hermanos cubanos han sufrido en sus carnes uno de los peores horrores de su historia. Vientos que se preveían de 95 km/h pasaron a recorrer las islas a más de 295 km/h; dejándolos terroríficamente desprotegidos, asolados, hundidos, afectados por la destrucción de la fuerza natural inescrutable. Uno de los peores frentes recordados en la zona se estrelló de lleno contra el Malecón, Cuba quedaba herida de muerte. Más de 37 muertos en las islas, 15.000 personas afectadas, viviendas destruidas, las calles anegadas, los tendidos eléctricos devastados, los campos asolados y el ganado perdido. La Habana, Matanzas, Ciego de Ávila; ¡otra vez Cuba!

¡Levantemos las manos!, ¡abramos los corazones!, ¡corramos en su ayuda!

J. Cruz, 2017

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