Ecos…
resonáis en mi mente indefensa
y me aturdís al evoco de esas cosas;
los efluvios de redes que me envuelven.
Dislocáis de mi ego las ideas
y dejáis ese desliz sobre la mesa.
¿Qué culpa tengo yo de ser sincero?
¿Qué caro he de pagar mi atrevimiento?
Ecos…
de los Dioses, el castigo más certero;
cual flecha del mal
me estilizáis por mis deseos
y acrecentáis
esas ganas de lo mío.
Ecos…
resonáis en mis momentos de silencio
y apenas si sé ya;
si sois vosotros,
o soy yo que prevalezco
con ahínco a mis recuerdos.
J. Cruz, 2017