Cae…
cae, como el relente de la noche
emerge suave y te disloca.
Cae…
cae, desmelenando huecos
corazones abatidos,
espantosa cara de condena.
Cae…
cae, destrozando almas
desligando voces,
emanando pena.
Cae…
cayó de golpe
cual badajo cruel
de despedida.
Cae…
cae, llevándose con ella
su replicante sonrisa.
Cae…
cae, la dama,
la negra dama…
la noche misma.
J. Cruz, 2015