Es para ti
mujer que nunca existió,
esta canción
dulce como un caramelo,
que me viene a recordar
la inquietud
de quién nadó a contrapelo,
de quién muere de deseo
por llegarte a acariciar.
Es para ti…
que jamás te he conocido,
aunque sí que fui testigo
del aroma de tu piel.
Te vi…
en la mirada furtiva
de los ojos de una amiga
que hace tiempo conocí.
Puede que…
escondida en la entretela
de la mirada de Elena
pasearas mi desliz.
Sentí…
prendido de tu camisa
mientras íbamos a misa
de Náquera, la desazón
de aquel baldosín que pulimos
al compás de aquel amigo
que pinchaba la canción:
“Pienso en tu blusita fina”
Carmen,
no nos pudo la rutina
y bajamos en la esquina
de la primera estación.
Rosi…
me buscó entre sollozos
de los pétalos morbosos
de los «rissos» de mi pelo
que, escondiéndose en el cielo,
pretendían ser canción.
Y sonó…
el rumor de caracolas
se fueron como las olas:
Laura, Mari Paz,
Nieves, Amparo y mi Lola.
Y también,
se me alejó la ternura,
el delirio y la locura
del carisma de Isabel.
No…
Conchin, Amalia, Consuelo,
Paquitina o Mari Vi,
ni el primor de aquellos besos,
la textura de sus senos o el sentir de su calor
tuvo el candor de tus ojos
mujer que nunca existió.
No…
ni Encarna, Yoli o Angelines,
ni las pelis de Buñuel,
Enmanuelle o Bilitis,
ni un tango que hubo en París,
ni la Sneider, Ciciolina,
se acercaron a la esquina
de lo que sentí
por ti.
Tal vez…
mientras acababa el día,
una noche en la Gran Vía
escondido en un burdel,
te tuve a tiro
mientras compartías conmigo
tu papelina de té.
Es por ti,
mujer que nunca existió,
que hoy escribo esta canción
recriminando tu ausencia.
Quizá
en cada mujer que vi,
te buscaba un poco a ti
vislumbraba tu presencia
Mujer
que nunca existió
en mi cajita de sueños,
cada tic-tac que latí,
a la luz de este candil,
vengo a evocar
tu recuerdo.
J. Cruz, 2010