Ayer…
Con permiso de la luna,
me llegaba la fortuna
disfrazada de mujer.
Jugué…
a sentir mil piruetas,
enredado entre las tetas
de los ojos de Isabel.
y fui…
desplegando mil colores
para dibujar las flores
que me vino a ofrecer.
Ayer…
me guiñó un ojo el destino
maqueando ese camino
a mi risa de papel.
Después…
con aroma de cerezas
apoyaba la cabeza
imaginando su piel.
Ayer…
despistado y aturdido
hasta el móvil he perdido
cómo se pudo caer.
Ya ves…
en tres años no he sentido
y en un rato me he perdido
entre los lazos de tu miel.
No sé…
si he de verte algún día,
pero te agradezco amiga
esas caricias de ayer.
J. Cruz, 2009